January 23, 2007

Adiós mi quepeño príncipe.

Filed under: Sirke

 

"Y así pasaron cuarenta años-es que para las manzanas un año equivale a una semana-cuarenta años de viajes, cuarenta años de cuentos y de sueños compartidos.

La Princesa Manzana cada año era más feliz. Al décimo año tuvieron que enfrentarse con aquel monstruo de veinte cabezas llamado miedo. Al doceavo se enfrentaron con el egoísmo y el dolor. Al quinceavo él le enseñó a recomponer muñecas-que no muñecos-.

-¡Mi Manzanilla! ¿Ves estos pequeños pedazos? ¿Has visto que pequeñitos son? Pues todos estos pedazos insignificantes son los que utilizaremos para recomponer esta hermosa muñeca.

-El mundo está lleno de cosas quepeñas, las cosas quepeñas tienen más importancia que las cosas grandes, porque cuanto más quepeñas menos perceptibles, cuando menos perceptibles más daño y más bien pueden hacer. Las cosas quepeñas son muy importantes, pero nuestro cerebro es demasiado quepeñito para darle importancia  a todas esas cosas quepeñas.

Y finalmente, al veinteavo año ella le gritó ¡APARTATE! ¡SOY DEMASIADO FELIZ! Y entonces algo hizo crack, de forma tan imperceptible que ni siquiera lo notaron. O más bien, no quisieron reconocer que lo notaron.

-¿Pasa algo mi quepeño príncipe?

-No pasa nada mi pequeña Manzanilla.

-¿Seguro?

-Si Manzanilla, no te preocupes.

Pero ambos sabían que no era cierto. Siempre se trata de ponerle parches a las heridas que necesitan cicatrizar. Errar es de frutas, si señor.

Pasaron más años, uno tras otro, imperceptibles, tan lentos como llegaron. Tan iguales como el resto. Entre tanto se enfrentaron juntos a los sueños. La Reina Manzana superó todos sus miedos, estaba llena de fuerza y el quepeño Príncipe Naranjero se iba apagando poco a poco…

Al cuarentavo año, el Príncipe no pudo más. La herida se abrió, cuan profunda era. Jugo de naranja lo inundaba todo. El olor a naranja empapaba el aire.

-¡Me duele!-gritaba el quepeño Príncipe Naranjero.

La Reina Manzana asustada daba vueltas y vueltas y vueltas…

-¡Tengo miedo! ¡No te mueras!

-¡Duele!

-¡No sé arreglar muñecos! ¡No me enseñaste!

Entonces el Príncipe Naranjero se levantó, retorciéndose de dolor.

-¡Apártate de mi! ¡Tú tienes la culpa de todo! ¡Tú reabriste la herida!

-Lo sé…

Entonces la Reina Manzana se sentó a ver cómo el Príncipe Naranjero se alejaba lentamente, porque sabía que era eso lo que tenía que hacer. Dueña del miedo que apodera a aquellos que no saben si el adiós es para siempre o si habrá regreso. Dueña de la certeza de que no podía soportarlo mucho tiempo. Descubriendo por primera vez en su vida que el amor podía ser egoltruista*."

———-

*La Reina Manzana nunca aprendió que el egoísmo y el altruismo son palabras que no deben ir juntas.

Comments »

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Casas RuralesHostalesSubastasCasas RuralesServicios