
"¿Estás lista para partir Manzanilla?-Le preguntó cariñosamente el príncipe.
-Siempre que me lleves de la mano.
-Prometo no soltarte nunca.
-¿No te enseñaron a no hacer promesas que no puedes cumplir?
-Bien, no puedo prometerte felicidad, ni amor, ni alegrías, ni seguridad, pero puedo prometerte riesgos, aventuras e inestabilidad…
-Lo más peligroso de este juego-reflexionó la Reina Manzana-Es que te crees tus propias palabras.
-O que tú quieres creerlas-puntualizó el Rey Naranjero-Antes de nuestra muerte nuestros nombres saldrán en los libros.
-Ya estamos muertos, todo es sólo la fantasía que me corroe en mi agonía.
-¿Pero cómo dices eso?
-Escúchate, las manzanas y las naranjas no hablan, somos sólo una ilusión.
-¿Cómo podría entonces tener conciencia?
-Vámonos, apaguemos las luces, creemos la oscuridad predecesora de la noche, antes de que llegue el día y acabe con este sueño."
Sirke soltó un bolígrafo que cayó rodando hasta el suelo y dio un bocado a una manzana.
"Ilusiones; sólo somos un puñado de ilusiones-masculló con la boca llena-Ilusiones que crean otras ilusiones para sentirse más reales y menos ellas. Ilusiones vacías, huecas, rotas de tanta esperanza por dejar de ser simples reflejos de una burda realidad.
Bonitas, hermosas y atrayentes, como todas las criaturas hermosas atormentadas por su belleza. Aquel constante dolor que los embellece como el veneno que mata por dentro dejando perfecta la fachada."

