
"Había una vez una manzana que no quería ser manzana, porque las manzanas jamás encuentran a su media naranja. Entonces decidió que, como Reina del manzanal, mandaría a partir en dos a todas las manzanas. Una vez hecho esto, la manzana mandó a que la cortasen en dos a ella también. Entre todos aquellos pedazos buscó uno que encajase a la perfección con su cuerpo, aunque eso supusiera aproximarse demasiado. No tardó mucho en darse cuenta de que el único pedazo con el que encajaba era con el suyo propio. Así que herida en su orgullo mandó a que la pegasen, quedándole para siempre una horrible cicatriz en su cuerpo. Así, la manzana se ganó el desprecio de su plebe. Muy triste por ello pasó muchos años encerrada en su castillo, hasta que un día fue a verla el apuesto príncipe del Árbol de Naranjas, Rey del naranjero, que tenía una horrible cicatriz como la suya…."

-"Continuará…"-Dijo Sirke-"Era más divertido cuando me interrumpías…"

