
Sirke volvía a las andadas. Hacía tiempo que la tenían guardad en un cajón. Demasiada felicidad y cordura nadaban tranquilas en el aire y eso a ella no le gustaba nada. Se sentó a escuchar esa canción que tanto le recordaba a Mihai. Hacía mucho que él había subido a su tren, hacía mucho que no estaba allí para mirarla a los ojos. Porque los ojos tristes nunca mienten…
"¿Qué ha sido de ti? ¿En qué rincón frío perdiste tu valor? ¿Dónde has dejado a tu locura? ¿Quién ocupará tu sillón si yo me voy? Porque me iré si es lo que quieres. Me iré muy lejos, allí donde nunca nadie pueda encontrarme. Las margaritas rojas serán mi refugio. La sangre de los corazones soñadores acompañará mis pasos y los dulces rastros de mis Te Quiero serán mi regalo de despedida. Envuelta en una manta de tristeza alegre, envuelta en una manta de silencios rotos. Olvido y perdón son los nombres de mis botas, mi querida locura, como siempre, mi único equipaje y mi única compañera."
Porque los ojos tristes nunca mienten…
"Y sé que no puedes evitar leer mis ojos. Palabras cruzadas, besos compartidos, ¿Qué nos queda de ese beso? Hoy sonrío, resignación es mi sentimiento. ¿Qué importancia puede tener perder cuando lo has perdido todo? ¿Qué importancia puede tener el odio cuando lo único que lleva debajo es un puñado de envidia? Sé quién me odia, y me alegro de que me odien, sólo me demuestran que quieren estar tan locos como yo. Envueltos en sus mantas frías, envueltos en mantas de reglas y cordura. Envueltos en sueños de mentiras, mentiras que ocultan su falta de valor. Y permanecerán todos en el letargo de la no-vida, inconcientes de que soy yo la que se oculta tras sus labios. Que soy yo la que absorbe su energía, que soy yo la puta, la amante, la traición, el miedo, el silencio y el dolor."

